Tras la celebración en Nueva York, del 7 al 15 de julio de 2026, del Foro Político de Alto Nivel de las Naciones Unidas sobre Desarrollo Sostenible (HLPF), el balance de los Objetivos de Desarrollo Sostenible vuelve a poner de manifiesto la necesidad de acelerar su aplicación y, sobre todo, de cambiar la forma en la que se está trabajando para alcanzarlos, ya que la velocidad y la escala de ejecución actuales son insuficientes para cumplir las metas previstas para 2030.

ODS 2026 y retos para alcanzar la Agenda 2030

Los resultados alcanzados hasta el momento muestran que, de las 139 metas para las que Naciones Unidas dispone de información suficiente para evaluar su tendencia, únicamente el 15 % se encuentra propiamente en camino de alcanzarse, mientras que otro 21 % registra un progreso moderado.

Dentro de este panorama, algunas de las metas que presentan una mejor evolución mundial pertenecen a los ODS 3 (salud y bienestar), 7 (energía asequible y no contaminante) y 9 (industria, innovación e infraestructuras).

En el extremo contrario, el Sustainable Development Report 2026 identifica cuatro objetivos especialmente alejados de la trayectoria necesaria y con un progreso global estancado desde 2015: ODS 11 – Ciudades y comunidades sostenibles; ODS 14 – Vida submarina; ODS 15 – Vida de ecosistemas terrestres; y ODS 16 – Paz, justicia e instituciones sólidas.

Esta situación resulta especialmente relevante desde el punto de vista ambiental. Algunos de los ODS estrechamente vinculados al medio ambiente se encuentran precisamente entre los que afrontan mayores dificultades. La conservación de los ecosistemas terrestres (ODS 15) y de los océanos (ODS 14), la acción frente al cambio climático (ODS 13) y una parte importante de la transformación necesaria en las ciudades (ODS 11) requieren una aceleración considerable durante los próximos años.

En consecuencia, actuaciones como la restauración de ecosistemas, la gestión sostenible del agua, la adaptación al cambio climático, la economía circular, la infraestructura verde, la conservación de la biodiversidad y la planificación territorial adquieren una especial relevancia durante el periodo que queda hasta 2030.

Pero posiblemente una de las conclusiones más importantes de los análisis realizados en 2026 sea que ya no resulta eficaz abordar cada ODS de forma aislada. Por el contrario, resulta necesario poner el énfasis en las interrelaciones entre los distintos objetivos y desarrollar respuestas transformadoras, integradas y coordinadas.

Una actuación sobre restauración ambiental, por ejemplo, puede contribuir simultáneamente a la biodiversidad, la adaptación climática, la gestión del agua, la prevención de riesgos naturales, el desarrollo rural, la salud y la creación de empleo. Del mismo modo, una política de rehabilitación urbana puede generar efectos positivos sobre la energía, el clima, la salud, la pobreza energética, la movilidad y la calidad de vida.

Con apenas cuatro años por delante, el reto ya no consiste únicamente en definir qué queremos conseguir. Los objetivos están identificados y, en muchos casos, también las soluciones. El desafío fundamental es transformar los compromisos en actuaciones concretas, financiadas, medibles y capaces de generar resultados a una escala suficiente antes de 2030.

En el ámbito empresarial, este cambio de enfoque implica dar un paso más: pasar de una aproximación general a los ODS a su integración real en la gestión de las organizaciones. No se trata únicamente de identificar con qué objetivos se relaciona una determinada actividad, sino de priorizar metas, definir actuaciones concretas, establecer indicadores, medir avances y comunicar los resultados obtenidos.

En esta línea, el Instituto Superior del Medio Ambiente (ISM) imparte el curso Diseño de planes de acción ODS para las empresas, orientado precisamente a trasladar los ODS al funcionamiento real de las organizaciones. La formación aborda el diagnóstico previo de la empresa, la identificación de metas prioritarias, el diseño de acciones, el establecimiento de indicadores, el trabajo mediante alianzas, el seguimiento y el reporte de los progresos alcanzados.

De este modo, el reto que plantean los datos de 2026 encuentra también una respuesta práctica en el ámbito empresarial: convertir los compromisos en planes de acción medibles, integrados en la gestión y capaces de generar resultados concretos.

Si quieres seguir profundizando en la aplicación de los ODS al ámbito empresarial, conoce nuestra formación en Diseño de planes de acción ODS para las empresas y descubre cómo transformar los objetivos de sostenibilidad en acciones concretas y medibles.