Restauración ecológica: qué es, objetivos y tipos de espacios a restaurar

La restauración ecológica, entendida como la colaboración al desarrollo de un determinado mosaico de comunidades de organismos con el fin de mejorar la calidad integral de los ecosistemas y su expresión como paisaje, constituye una herramienta primordial celebrar dentro de los planes de conservación y gestión de especies y espacios.

El término restauración integra los dos objetivos que persiguen las actuaciones:

  • Orientar el dinamismo espontáneo del sistema hacia un determinado mosaico de comunidades de organismos
  • Acelerar el proceso que espontáneamente habría tardado en suceder un tiempo más dilatado o no habría ocurrido por sí mismo.

Fuente: Pixabay

¿Qué es la restauración ecológica?

Según la Sociedad para la Restauración Ecológica (SER, según sus siglas en inglés), la restauración es el proceso de alteración intencional de un hábitat para establecer un ecosistema definido, natural e histórico local. El objetivo de este proceso es imitar la estructura, la función, la diversidad y la dinámica del ecosistema original.

Más adelante, la SER definió restauración ecológica como el proceso de asistencia a la recuperación de un ecosistema que ha sido degradado, alterado o destruido. Y considera que es una actividad que inicia o acelera la recuperación de un ecosistema en relación a su salud, integridad y sostenibilidad.

Por lo tanto, según la definición original se produce restauración si se alcanza el estado original del sistema del que se partía o estado primigenio. El objetivo es volver a las condiciones pre-antrópicas (frenar la degradación y llegar una formación lo más parecida a la existente antes de la degradación), y para ello hay que buscar una función para dicho espacio y realizar un desarrollo a largo plazo.

La restauración ecológica es una herramienta para contrarrestar la degradación de los ecosistemas, orientada a recuperar el capital natural y los servicios ecosistémicos.

Objetivos generales de la restauración

Los objetivos de la restauración ecológica pueden agruparse en tres grandes bloques. En primer lugar, el control de los procesos y riesgos asociados al área degradada, que implica estabilizar los terrenos no consolidados y los taludes, reducir y controlar la erosión, proteger los recursos hídricos —tanto subterráneos como superficiales— y reducir el drenaje de efluentes tóxicos o lixiviados.

En segundo lugar, la recuperación de las biocenosis, orientada a recuperar la productividad del suelo (en sus funciones físicas, químicas y biológicas) y la riqueza biológica en general, restablecer la cubierta vegetal sobre un terreno capaz de mantenerla por sí mismo, e integrar los terrenos alterados en el paisaje circundante.

Por último, deben tenerse en cuenta los aspectos funcionales relacionados con la actividad asociada al área restaurada, entre ellos la protección frente a riesgos para la salud y la propiedad, así como la protección de obras civiles y urbanizadoras. A todo ello se suma la necesidad de dar una gran importancia al control y la vigilancia del programa de restauración a lo largo de todo el proceso.

¿Qué tipos de espacios se pueden restaurar?

Según la clasificación de Domingo G. Orea existen ciertos espacios que pueden considerarse paradigma de degradación y susceptibles de ser sometidos a algún tipo de tratamiento. Entre ellos destacan:

  1. Espacios sobreexplotados: por ejemplo, espacios agrícolas marginales abandonados y espacios deforestados y/o erosionados.
  2. Espacios agotados: como pueden ser los espacios mineros explotados y los vertederos colmatados.
  3. Espacios afectados por grandes infraestructuras, como obras civiles de transporte (autopistas, líneas de ferrocarril, etc.), líneas eléctricas de alto voltaje, y parques eólicos.
  4. Espacios abandonados o en declive, como líneas de ferrocarril en desuso, vías pecuarias donde ya no hay trashumancia, núcleos rurales o urbanos/industriales abandonados.
  5. Espacios degradados por la forma en que se ordenan, transforman y utilizan, como pueden ser aquellos espacios degradados por actividades turísticas y/o recreativas, los ocupados por agricultura intensiva bajo plástico, espacios periurbanos, cursos de agua desnaturalizados, espacios afectados por vertidos incontrolados de residuos o bien explotaciones mineras sin recuperación ambiental en su gestión.
  6. Espacios afectados por la contaminación: por ejemplo, suelos contaminados y espacios marinos o litorales afectados por vertidos intencionados o accidentales con carga contaminante.