Renaturalización urbana: qué es, definición y ejemplos

¿Qué es?

La renaturalización urbana es el conjunto de intervenciones destinadas a devolver a un territorio degradado parte de su dinámica y estructura ecológica, de modo que recupere capacidad de autorregulación y funcione con la mínima intervención humana. 

En la práctica incluye acciones como eliminar barreras artificiales (canalizaciones, muros, diques), recuperar cauces de ríos, reducir insumos químicos, reintroducir o favorecer especies clave autóctonas y, muy especialmente, “dejar hacer” a los procesos ecológicos una vez puestos en marcha. 

Desde una perspectiva más amplia, el término también alude a cambios sociales, culturales y políticos orientados a recomponer las prácticas humanas para vivir dentro de límites ecológicos, reconfigurando la relación entre lo humano y lo no humano. 

En este sentido, la renaturalización se propone como respuesta a la crisis ecológica contemporánea, combinando conservación, restauración funcional y reconexión sociedad-naturaleza para generar ecosistemas más resilientes frente al cambio climático y otros impactos.

Definición

Según la Fundación Biodiversidad del MITECO, la renaturalización urbana es el conjunto de actuaciones dirigidas a incrementar la presencia de elementos naturales —verdes y/o azules— en las ciudades, desde un enfoque ecosistémico que tiene en cuenta las relaciones entre los elementos y organismos vivos asociados y los beneficios que produce para la salud urbana.  

Por tanto, la renaturalización introduce o refuerza la naturaleza en espacios artificializados. 

Diferencia entre renaturalización y restauración

La restauración ambiental es el proceso de asistencia a la recuperación de un ecosistema que ha sido degradado, alterado o destruido. Es decir, busca recuperar ese entorno dañado para que vuelva, en la medida de lo posible, a un estado funcional, estable y parecido al que tenía antes de la alteración. Suele aplicarse en espacios que han sufrido daños claros: una cantera abandonada, un río canalizado, una zona incendiada, un humedal degradado o un suelo contaminado.

En cambio, la renaturalización se refiere a devolver más naturaleza a un espacio, especialmente en entornos muy transformados por la actividad humana, como las ciudades. No siempre pretende recuperar un ecosistema original concreto, sino aumentar la presencia de vegetación, biodiversidad, procesos naturales y soluciones basadas en la naturaleza.

En consecuencia, estos conceptos se diferencian en que la renaturalización no busca tanto “reconstruir” un estado pasado como reactivar procesos naturales (sucesión, redes tróficas, perturbaciones naturales, conectividad) aceptando que el ecosistema resultante será nuevo, no una copia del original.

La renaturalización suele tener un enfoque más amplio y práctico, muy vinculado a la mejora de ciudades, espacios públicos, riberas urbanas o infraestructuras, para hacerlos más verdes, habitables y resilientes. 

Este concepto está estrechamente relacionado con la infraestructura verde urbana, las soluciones basadas en la naturaleza, la biodiversidad urbana y la adaptación de las ciudades al cambio climático. 

Ejemplo de renaturalización urbana: 

Renaturalización del río Manzanares a su paso por Madrid.

El tramo seleccionado para el proceso de renaturalización se extiende a lo largo de 7,5 kilómetros en los que se modificó el modelo de gestión del río para favorecer una dinámica fluvial más natural.  Para ello, en lugar de mantener el cauce embalsado, se optó por dejar que el agua fluyera con mayor libertad. Como primera medida, en mayo de 2016 se procedió a la apertura de las presas existentes en el recorrido urbano, con el objetivo de que el cauce recuperara parte de su dinámica natural.

Los resultados no tardaron en notarse. Al bajar el nivel del agua y recuperar el río un funcionamiento más natural, comenzaron a formarse bancos de arena y pequeñas islas que, con el tiempo, se han convertido en elementos de interés ecológico. Además, sobre estas islas ha brotado una vegetación variada, lo que ha venido acompañado de un crecimiento notable de la vida acuática: hay más peces y también más especies distintas conviviendo en el río. También se ha observado un aumento de las aves, tanto en número como en variedad.

Por tanto, se puede decir que se trata de un claro ejemplo de recuperación de un río urbano. Al favorecer una dinámica más natural del cauce, aumentaron la vegetación, los peces y la diversidad de aves, con más de 50 especies detectadas.